Septiembre tiene una particularidad que lo hace especial. Volvemos de vacaciones, recuperamos proyectos, abrimos presupuestos para el próximo ejercicio y nos preparamos para un final de año de lo más entretenido.
Y todo ello con una operativa de RRHH disparada: rotación, absentismo, nuevas incorporaciones y algunas fricciones de clima que empiezan a llamar a la puerta.
Por eso estos días me ha surgido una pregunta:
¿Estamos gestionando estos indicadores como si evolucionaran linealmente cuando quizá funcionan por ciclos y estacionalidades?
Una fábrica conoce sus picos de producción. Un hotel, su temporada alta. El retail tiene Navidad y la logística sus campañas. Sabemos prever turnos, stock y refuerzos.
Con el talento parece que nos cuesta bastante más aceptar que también existen ritmos.
Septiembre nos deja unos datos de lo más interesantes
Adecco Institute sitúa el absentismo en España en el 7,62 % durante el primer trimestre de 2026, máximo histórico para un primer trimestre. En industria alcanza el 7,92 %. En los datos que estamos recogiendo desde el Observatorio del Talento Operativo sobre plantillas de primera línea encontramos cifras incluso superiores al 9 %.
Hays aporta otro dato especialmente oportuno: el 38 % de los profesionales reconoce volver desmotivado después de las vacaciones, mientras otro 37 % necesita varios días para recuperar el ritmo. Y confieso que incluso me sabe a poco.
Gallup amplía todavía más la fotografía: solo el 10 % de los trabajadores españoles aparece como “engaged”, frente a una media europea del 12 %. Además, el 39 % declara haber experimentado mucho estrés durante el día anterior.
Tres fuentes y una fotografía muy poco tranquilizadora.
Y conviene aclararlo: estos datos no demuestran que septiembre provoque absentismo, estrés o rotación. Para mí, precisamente ahí empieza lo interesante.
La estacionalidad puede hacer visible algo que llevaba meses cocinándose a fuego lento. O al “xup-xup”, como decía mi abuela.
El dato nos dice dónde estamos. La lectura de un ciclo en cambio, nos ayuda a entender qué ha pasado.
Aquí creo que RRHH tiene una oportunidad enorme.
Si cruzamos durante varios años absentismo, rotación, incorporaciones, clima, participación, accidentes, turnos, vacaciones o carga de producción, y después segmentamos por centro, colectivo o antigüedad, pueden empezar a aparecer patrones.
Quizá una rotación se concentra entre el tercer y quinto mes de incorporación. Tal vez determinadas incidencias llegan después de un pico productivo. O descubrimos señales de desconexión semanas antes de que aparezca una baja.
Ahí dejamos de mirar fotografías y empezamos a ver una película.
Y esa película nos permite avanzar hacia algo mucho más útil: detectar señales, interpretar tendencias y utilizar People Analytics e IA predictiva para construir modelos preventivos con los que actuar antes.
La IA puede ayudarnos muchísimo, siempre que tenga dos ingredientes previos: datos y contexto.
Y aquí dejaría la gran pregunta de septiembre:
¿Conocemos las estacionalidades que están alimentando nuestra fatiga organizativa?
Porque si conocemos perfectamente la temporada alta de nuestros clientes, quizá ha llegado el momento de empezar a conocer también la temporada alta —y baja— de nuestro talento operativo.
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